Asaid Castro
La tabla se hunde apenas unos centímetros sobre la arena mientras Nahi acomoda el leash en su tobillo. Tiene 17 años, viene desde Baja California y lleva más de media vida surfeando. Frente a ella, el oleaje de Playa Nexpa rompe largo y constante sobre la costa de Aquila, levantando espuma blanca bajo un sol que todavía cae fuerte sobre el Pacífico michoacano.
Nahi observa el mar con tranquilidad. Viste ropa naranja para surfear y habla con naturalidad sobre algo que para ella se volvió parte de la vida desde que tenía seis años. Dice que prácticamente creció entre playas, tablas y olas porque toda su familia surfea, así que aprender a entrar al mar terminó siendo algo cotidiano.
«Viví siempre en un entorno donde era playa y playa. Veía a la gente surfear y decía: yo también quiero hacer eso. Ya después te enamoras del mar y no quieres salirte», comenta mientras sostiene la tabla bajo el brazo.
Llegó por primera vez a Michoacán acompañada de su madre y algunos amigos. Eligieron Nexpa por las olas largas y por la tranquilidad de la playa, muy distinta, asegura, a las zonas saturadas de surfistas que existen en Baja California.
«Allá está llenísimo todo el tiempo. Aquí lo más que he visto son diez personas en el agua. Las olas son muy largas, tienen mucha fuerza y mucha pared para hacer giros. Además todo se siente más virgen, más tranquilo», explica mientras mira cómo una ola rompe cerca de la orilla.
Aunque el surf sigue siendo un deporte dominado principalmente por hombres, Nahi asegura que poco a poco más mujeres se han ido integrando, especialmente en competencias y comunidades de surfistas jóvenes. Dice que en Baja California todavía son pocas las mujeres locales que practican este deporte, aunque la presencia de extranjeras ayudó a abrir más espacios.
Hasta Michoacán por una ola
A unos metros de ella, Valerio termina de encerar su tabla, para mantener la fricción en los pies. Viene también desde Baja California Sur y asegura que recorrió prácticamente medio país únicamente para surfear en Nexpa. El viaje incluyó vuelos, horas de espera en aeropuertos y más de tres horas de carretera desde Ixtapa hasta la costa michoacana.
Dice que todo valió la pena desde que vio romper la primera ola. «Me hablaron mucho de esta izquierda y dije: tengo que venir. Ahora que ya estoy aquí puedo decir que es la mejor ola izquierda que he surfeado en mi vida», asegura todavía con arena pegada en las piernas.
Valerio explica que como surfista zurdo, las olas izquierdas le permiten correr de frente y aprovechar mejor cada movimiento sobre la tabla. Aunque en Baja California Sur existen muchos puntos reconocidos para surfear, asegura que en Michoacán encontró algo distinto.
«En otros lugares hay buenas playas, pero no como esta. Aquí las olas son largas, fuertes y muy nobles para surfearlas. La verdad sí superó todo lo que me habían contado», dice.
Cerca de él, sentado bajo la sombra, David Santiago observa el mar mientras espera volver a entrar al agua. Tiene 62 años y comenzó a surfear desde la secundaria. Dice que el mar terminó convirtiéndose en parte de su rutina, de su trabajo y hasta de su forma de mantenerse sano.
David trabaja en un yate de pesca deportiva en Baja California y asegura que prácticamente toda su vida ha estado relacionada con el mar. Cuenta que comenzó a venir a Michoacán por recomendación de su hermano, quien conocía desde hace años distintas playas michoacanas, por lo verde de ellas.
«Allá es semidesértico, seco, con mucho calor. Aquí todo es verde, hay palmeras, sombra y una vegetación muy distinta. Las playas de Michoacán están muy bonitas y todavía conservan algo natural que ya se perdió en otros lugares», explica para después lanzarse con su tabla al agua.