A las afueras del Estadio Morelos la cosa ya tampoco es igual. Desde hace tiempo, incluso antes de la mudanza de Monarcas a Mazatlán en 2020, el folclor de llegar con anticipación para hacer escala en alguno de los puestos que vendían comida, bebidas o artículos futboleros se fue perdiendo, o más bien, lo erradicaron desde arriba.
Previo al Mundial Sub-17 del 2011 que tuvo como una de sus sedes la ciudad de Morelia, el entonces presidente del club, Álvaro Dávila, solicitó a cerca de mil 500 vendedores que desalojaran las inmediaciones del inmueble, solo en lo que se desarrollaba el torneo juvenil. “Es una exigencia de la FIFA”, argumentó en aquel entonces el dirigente.
Pero el campeonato internacional solo fue el Caballo de Troya para conseguir el verdadero objetivo: cercar el estadio e impedir que este sector volviera a instalarse a los alrededores. La abrupta medida orilló a que los comerciantes tuvieran que improvisar para poder seguir subsistiendo, aunque fuera a una distancia más alejada de donde se gritan los goles.
Sin embargo, la extinción de la franquicia, ocurrida hace poco más de seis años, se llevó consigo-como daño colateral- a la mayoría de los vendedores que le daban vida al entorno del “Coloso del Quinceo”.
Maribel Hernández Mata no solo era una de esas comerciantes que combinaban el trabajo con su pasión por el equipo, sino que además fue pionera en vender a las afueras: primero en el mítico Venustiano Carranza con los viejos Canarios y después en el Morelos con el reciclado Monarcas.

“En un buen día de juego llegaba a vender 200 kilos de carne… en aquellos años daba los tacos de bistec a 10 pesos, me iba muy bien la verdad”, recuerda sentada en su local ubicado en el Fraccionamiento La Hacienda, muy lejos del Morelos.
Aunque el negocio mantiene el nombre de “Tacos El Profe e hijos” y en su decoración lucen las banderas rojiamarillas, la señora de 86 años habla con nostalgia de la época en que atendía a los aficionados con una playera del equipo puesta y con su pelo teñido en rojo y amarillo.
“Ya la mayor parte de mis compañeros se murieron, la salida del estadio es algo que nos afectó mucho porque nos corrieron, nos quitaron nuestra área de trabajo. Por ahí se sigue viendo uno que otro, como don Manuel que vende raspados, pero ya son muy pocos los sobrevivientes”.
Maribel admite que tuvo suerte. Tras el desalojo, el empresario Manuel Nocetti Tiznado le facilitó un espacio en La Hacienda para que su negocio no desapareciera. No obstante, aclara que el deseo de volver a las afueras del Morelos sigue intacto, por lo que, desde la Unión Popular Carrillo Puerto, organización a la que pertenece, quieren tener un acercamiento con el actual directivo del equipo, José Luis Higuera.

Además de lo que representa en términos de ingresos económicos, relata que vender sus tacos de carne asada los días de partido implicó una formación familiar basada en el gusto por el futbol. Con fotos sobre la mesa que lo comprueban, desglosa cómo cada uno de sus hijos y nietos fue arraigándose a los colores del club.
“Yo me pinté el cabello rojiamarillo porque me ganaba la alegría, me invadía la emoción de saber que Monarcas fue campeón, y que gracias a ellos teníamos un taco para llevárnoslo a la boca. Nosotros seguimos siendo aficionados; yo todo lo hago por el Morelia”.
Bajo la premisa de que las historias de futbol no solo se construyen con base a lo que sucede en la cancha, Maribel Hernández no se olvida de nombrar a Álvaro Romero “El Mago”, Soledad Aguirre “Doña Cholita” y Marcos Amaro Castro “El Semillas” como referentes del comercio que se hicieron en el Estadio Morelos, pero también los catapulta a modo de personajes claves que ayudaron a consolidar una identidad en torno a un equipo que se resiste a morir.
