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Noche extrema: Alocer y Macuarro dieron clases de dolor

Por: | 21 abril, 2026

No se guardaron nada. En el Salón CNC de la capital michoacana, Alocer y Macuarro se enfrentaron en una función de lucha extrema en la que hubo de todo: lámparas, cajas de madera, sillas, charolas, jeringas, engrapadora y un viejo carro que cumplió con la función de convertirse en ring.

Ante una fanaticada que se congregó, como en los viejos tiempos, en este espacio que es considerado uno de los símbolos de la lucha libre en la ciudad, los dos experimentados protagonistas dieron cátedra de lo que es el dolor legítimo.

Pasadas las 10 de la noche, Macuarro hizo su aparición con su tradicional sombrero de albañil, una camiseta de Zona 23 (una de las principales promotoras de la lucha extrema en México) y un pantalón atiborrado de parches del Cruz Azul.

Por su parte, Alocer simplemente se presentó con un calzoncillo negro y unas botas blancas, lo que resultó suficiente para despertar el alarido de su público, pues al ser originario de Zacapu, sabía que en esa velada jugaba de local.

Desde los primeros segundos, el intercambio de golpes fue permanente. En un abrir y cerrar de ojos la calvicie de Alocer comenzó a derramar sangre sin parar, pero al michoacano no le importó e hizo lo propio para que la humanidad de Macuarro también se tiñera de rojo.

Como en las luchas el público son una parte fundamental del espectáculo, los insaciables asistentes se organizaron para orquestar la famosa “Boda de pueblo”, es decir, esa práctica en la que entregaron dinero al Macuarro a cambio de que castigara a Alocer engrapándole billetes por el cuerpo.

En el Salón CNC hubo de todo, menos un ganador. Y es que, en el clímax del combate, ambos luchadores se subieron a lo más alto de una escalera, y desde ahí, aplicaron lo que se conoce como suplex: un lanzamiento que implica levantar al oponente y realizar un puente o rodar para estrellarlo contra el cofre del vehículo.

Tras el impacto, ninguno se pudo levantar. La lucha fue declarada empate. Nadie reprochó. Por el contrario, hubo aplausos. En todo caso, ganó el público más extremo de Morelia.

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