Pasión

Dolor y festejo: así se vivió el Super Bowl en Morelia

Por: | 9 febrero, 2026

Por un lado, las caras largas; del otro bando, el júbilo. La dualidad del deporte se volvió a hacer presente a través del Super Bowl LX, evento que los aficionados morelianos lo vivieron a su manera: con gozo, sufrimiento, ansiedad, tristeza, euforia, resignación, tranquilidad y cualquier emoción humana que quepa en el futbol americano. En resumidas cuentas y tratando de reducirlo a un concepto: pasión.

El camino para llegar al Gran Domingo no es sencillo, por lo que el hecho de estar aquí ya es un logro que pocos equipos de la NFL pueden presumir. Sin embargo, ya situados en el baile, todos quieren bailar. Por ello, no hubo fan que no se postrara frente al televisor a partir de las 17:00 horas con la ilusión de ver a los suyos levantar el trofeo Lombardi.

Los Patriotas, acostumbrados a ser una franquicia ganadora, llegaron con ese orgullo de haber dejado atrás años de reconstrucción que les provocó la salida de Tom Brady en 2019. Y por el contrario, se sentían confiados de estar ante una nueva era bajo el mando de un joven Drake Mayer como mariscal de campo.

Por su parte, en la trinchera de los de Seattle había sed de revancha por lo ocurrido once años atrás, cuando frente al mismo Nueva Inglaterra, se les escapó el campeonato de manera dramática en los últimos segundos y estando a una yarda de la zona de anotación.

El deporte es caprichoso, pero siempre regala una segunda oportunidad, aunque en ocasiones el proceso demore más de una década. Y ese día llegó. Desde el primero cuarto los Seahawks se exhibieron sólidos, generando confianza en sus fans que, con el avanzar de los minutos, fueron acercándose a beber ese elixir privilegiado que es la gloria de ganar, de saberte el mejor.

Dentro de la tripulación de los Pats, rápidamente entendieron que hoy no iba a poder ser. Pese a que en el último cuarto su equipo dio señales de coraje deportivo, la esperanza se esfumó casi enseguida, evitando que la agonía fuera más dolorosa. Pero no todo está mal. Al inicio de la temporada nadie daba un peso por esta franquicia, así que el Super Bowl representó una agradable sorpresa de la vida.

En el preámbulo del lunes, hay quienes festejan como si el fin de semana apenas se asomara. Los que deben digerir la derrota, no les queda de otra que pensar que “mañana será otro día”. Pero unos y otros, tienen en común el haberse entregado por más de cuatro horas a un ovoide que, de a poco, comienza a ganar terreno en la vida pasional de esta ciudad.

 

 

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