Los premios van desde los mil pesos y hasta los 20 mil pesos; el circuito pueden ser las principales calles de una gran ciudad o las terracerías un pueblo. Son las llamadas carreras “moleras” de atletismo, competencias de bajo nivel donde los deportistas de alto rendimiento encuentran una oportunidad para obtener ingresos económicos.
La realización de este tipo de carreras se ha vuelto tan frecuente que prácticamente todos los fines de semana se tienen calendarizados hasta tres eventos en el estado, por lo que hay corredores que viven prácticamente de gira buscando los 5, 10 o 21 kilómetros de turno, dejando de lado las aspiraciones de representar al país en certámenes de elite.
Para uno de los entrenadores de la Selección Michoacana de Atletismo, Joel Martínez, es una situación de dos caras, ya que por un lado las carreras “moleras” provocan que los atletas no concentren su esfuerzo y su preparación hacia lo que son las competencias formales, en las que pudieran obtener una representación nacional o internacional.
“Solamente se concentran en ganar dinero, ganar esa carrerita y en esa carrerita, les dan la convocatoria de la siguiente semana en otro pueblo o rancho, entonces no es algo planificado y al no tener esto, no se puede aspirar a tener un rendimiento excelente que se requiere en competencias nacionales e internacionales”, expresa a Corazón 3.0.
Sin embargo, por la falta de apoyos que existen en el país para los corredores de alto rendimiento, aclara que se justifica la situación, puesto que en la mayoría de las ocasiones son los deportistas quienes deben pagar para poder asistir a una competencia y colocarse dentro del ranking que les permita escalar a justas de más alto nivel.

Ser atleta cuesta
Para la deportista Gabriela Flores, quien ostentó la mejor marca de una michoacana en la prueba de Maratón (2:42:08 horas) el año pasado, los corredores que entran en actividad cada ocho días en este tipo de eventos es porque es su sustento de vida.
“Yo puedo competir cada fin de semana, pero sé elegir competencias que no interrumpan mis entrenamientos. Es decir, escojo algunas que sean sencillas, pero si hay otras donde el nivel será más alto, pues bajamos las cargas”, explicó.
Sin embargo, la originaria del municipio de Maravatío puso el dedo en la llaga al asegurar que si existiera un mayor apoyo por parte de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), varios deportistas correrían menos y se enfocarían en representar a México.
Al no ser así, aseveró que ser atleta no es solo correr, pues indicó que estar en un nivel competitivo implica hacerse de suplementos, así como pagar fisioterapeuta, nutriólogo, calzado, trasladarse a los entrenamientos, entre otras necesidades.
“Todo eso es caro, aparte hay muchos que tienen familia. El ir a competencias en el extranjero sale bastante elevado y lograrlo sin apoyos es muy difícil. En mi caso, dejé a un lado el enfocarme en carreras oficiales, ya fuera para representar al estado o México, porque no recibí ningún apoyo”, concluyó.

Luchar contra el ego
Con un año 2025 donde logró romper récords personales en la distancia del Medio Maratón, Natali Naomi Mendoza Murguía comparte que la clave para ella ha sido el saber equilibrar las competencias, además de distinguir cuáles son para entregarte al 100% y las que están para asumirlas como parte del entrenamiento.
Y es que si bien admite que es una realidad que las carreras “moleras” han alejado a los atletas de las competencias de alto nivel competitivo, señaló que es posible mediar esta situación, pero para lograrlo, enfatiza que el corredor debe luchar contra su ego.
“Yo lo que hago es ir a nivel del mar para que la exigencia no sea tan grande en cuanto al sistema aeróbico y circulatorio; es decir que mis músculos no sufran tanto, poder ganar fácil y de esta manera irme fogueando, hacer entrenamientos, ganar confianza y mejorar marcas. Me ha servido mucho hacerlo de esta manera”.
El problema, considera, es cuando el atleta comienza a abusar de las carreras, dado que ya no se está respetando el plan de entrenamiento, no se bajan las cargas de cara a un evento de mayor exigencia o cuando se requiere de un descanso tras un esfuerzo grande.
“Hay que saber en qué momentos correr al 100%, cuándo hacerlo tranquilo y no precisamente ganar. Puedes ir a hacer un entrenamiento, y quizá quedar en segundo o tercero, pero aquí ya también entra la cuestión del ego que es muy pesado”.
Al igual que el entrenador Joel Martínez y Gabriela Flores, la nacida en Uruapan coincide en que la falta de estímulos está orillando a que los deportistas desprecien la representación de su país. Un ejemplo de lo anterior, abunda, es que el Selectivo Nacional de Campo Traviesa del año pasado dio pase al Mundial, pero al conseguirlo, el atleta debía cubrir sus vuelos a la competencia internacional.
Ante este panorama, reconoce que muchos deportistas prefieren evitarse el gasto y optan por acudir a las carreras “moleras”, donde sí se les garantiza una recompensa monetaria, algo que no sucede con la etiqueta de ser un atleta mundialista, esto pese a toda la jerarquía que implica el título.
